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5/10/2015

Biosimilares: una apuesta a favor de la accesibilidad

Biosimilares: una apuesta a favor de la accesibilidad

Las terapias biológicas revolucionaron el tratamiento de determinadas enfermedades hace más de veinte años. Pacientes de cáncer y enfermedades autoinmunes vieron cómo las probabilidades de mortalidad disminuían al mismo tiempo que sus condiciones de vida mejoraban. Bevacizumab, un anticuerpo monoclonal utilizado para la terapia de distintos tipos de cáncer, como el de ovarios, reduce la probabilidad de que esta enfermedad prospere en un 30%, según los ensayos clínicos realizados.

Pero toda moneda tiene su cruz y en este caso, se trata del precio del medicamento. Frente a su incuestionable eficiencia, los biológicos presentan precios elevadísimos que reflejan los altos requisitos de inversión exigidos para su desarrollo y producción. España destina 2.000 millones de euros a la compra de biológicos y nada indica que este gasto vaya a reducirse en los próximos años. Más bien, todo lo contrario. Enfermedades como el cáncer presentan una incidencia creciente, el envejecimiento de la población ya hace tiempo que adoptó un ritmo exponencial y los fármacos biotecnológicos se encuentran entre los medicamentos más vendidos del mundo.

Costes elevados y recursos limitados. El resultado es que a día de hoy muchas personas tienen restringido el acceso a la terapia que podría mejorar considerablemente su calidad de vida e incluso curarles. El caso de la Hepatitis C y el Sovaldi es un ejemplo contundente. Necesitamos alternativas más eficientes: fármacos que, con un coste inferior, aporten resultados de salud superiores, liberando recursos para tratar a un mayor número de pacientes; y los biosimilares se alzan como una opción segura para responder a esta necesidad.

Los biosimilares son medicamentos equivalentes en términos de calidad, eficacia y seguridad a los biológicos de referencia, que se desarrollan una vez que la patente de estos ha expirado y cuyo precio puede llegar a ser un 30% inferior. De acuerdo con estos cálculos, entre 2014 y 2020, España podría conseguir un ahorro de 1.500 millones de euros si se lanzasen e incorporasen biosimilares de todos aquellos fármacos biológicos cuya patente expire en este periodo. No obstante, conforme el sector se vaya desarrollando y la competencia se incremente, el ahorro podría ser mucho mayor. Existen precedentes en los que se han alcanzado descuentos de hasta el 80%.

Pero lo relevante de todo esto no es el ahorro en sí, sino el uso que se puede hacer de él. Por un lado, el hecho de contar con terapias biológicas más económicas permitiría incrementar su accesibilidad, es decir, un mayor número de pacientes podrían recibir el tratamiento que necesitan. Pero al mismo tiempo, los biosimilares ayudarían a liberar recursos con los que costear otras terapias para las que todavía no existen alternativas económicas o, incluso, terapias completamente nuevas. Es por este motivo, que los biosimilares también son un motor para la innovación farmacéutica. Que los sistemas nacionales de salud cuenten con recursos para poder costear nuevos tratamientos es un incentivo para que los laboratorios destinen recursos a la investigación y desarrollo de estos.

mAbxience y su matriz Grupo Chemo, a través de la fundación Mundo Sano, mantienen un sólido compromiso con el desarrollo de nuevas terapias, sobre todo de aquellas que permiten tratar las llamadas enfermedades desatendidas.

En este sentido, mAbxience, gracias a su trabajo, centrado en el desarrollo de biosimilares, y a la labor de cooperación que desarrolla con Mundo Sano, es muy consciente de los retos que la sociedad tiene por delante desde el punto de vista de la salud. Enfermedades con una incidencia creciente sobre la población, enfermedades abandonadas, medicamentos biológicos que adquieren un peso creciente en las terapias clínicas y una elevada presión por reducir costes en los sistemas nacionales de salud.

Se trata de una combinación difícil. Los biosimilares pueden ser la clave que permita encajar los distintos elementos. Por eso, deberíamos incentivar el conocimiento sobre ellos y favorecer su penetración. El coste de oportunidad de no hacerlo es excesivamente elevado para la sociedad.

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